VINOS TINTOS, SIN CRIANZA, POR FAVOR

Los vinos tintos de gama alta gama alta se asocian con los aromas y sabores que proporciona una cuidada crianza en barricas de madera de roble.

La generalización del roble ylos vinos tintos se fue extendiendo desde el siglo XIX a partir de Francia, hasta convertirse en un estándar, que en la actualidad la mayoría de los enólogos considera adecuada para suavizar los taninos más astringentes de los vinos tintos por micro-oxidación a través de los poros de la madera.

Las clases de roble empleadas (francesas o americanas) y su curado por fuego al fabricar las cubas añaden aromas a los que provienen de las uvas o de la fermentación, estos son los balsámicos, especiados y tostados, resultando un gusto más complejo, considerado habitualmente como sinónimo de calidad creciente según el tiempo de permanencia en las barricas (vinos de crianza, reserva, gran reserva).

Evidentemente, este tratamiento encarecen los vinos tintos considerablemente por los costes del almacenamiento en las bodegas y los de las propias cubas, infrautilizadas cuando se busca potenciar su aportación al sabor.

Sin embargo, en la actualidad se empieza a cuestionar esta premisa CRIANZA = ALTA CALIDAD Y GAMA ALTA.

¿Hasta qué punto la calidad de muchos vinos se debe a la crianza?. La complejidad del gusto inducido por la madera no es un valor absoluto y puede sustituirse por la preservación de los sabores frutales y de fermentación, y por los ésteres aromáticos desarrollados al combinarse los alcoholes y ácidos naturales durante el reposo en botella.

En España, los máximos exponentes de esta nueva tendencia la representan los vinos Mencía, de Galicia y Castilla y León. Son vinos de buen estructura y complejidad y que no deben sus cualidades a un paso previo en madera. En La Rioja también existen excelentes representantes de vinos tintos que sin tener envejecimiento en barrica rivalizan con los que dan fama a la D.O.C., los crianzas y reservas.