DIFERENCIA ENTRE BEBER Y CATAR VINO

Hay que diferenciar  entre beber y catar. Si bien entre ambos hay unas pequeñas diferencias, son en realidad los grandes conceptos a tener en cuenta que marcan la brecha que divide un verdadero análisis personal del vino, con un acto cotidiano y autómatico. Y es sólo cuestión de tiempo y práctica para que catar se transforme en algo natural y no esforzado, llegando a niveles de detalle cada vez más profundos.

Entonces pasemos ahora a describir a qué factores necesitamos prestarles atención. Para beber un vino o lo que fuese, uno puede servirse en un recipiente, llevarlo a la boca, tragarlo, y «santas pascuas», a otra cosa. O no. Y aquí empieza el asunto. Supongamos que vamos a catar un vino tinto. Lo primero que tenemos que saber, es que debe servirse en torno a los 17 o 18 grados, para los tintos, y alrededor de los 10 – 12 grados los blancos. Seguramente lo vamos a sentir fresco en nuestra boca, ya que nuestro cuerpo funciona al doble de esa temperatura.

Lo segundo es la copa, no debe estar sucia o poseer restos de otras bebidas, ni tampoco tener olores extraños que se confundan con el vino. Y un detalle importante, es que justamente, debe ser una copa, ya que allí se puede hacer un análisis mucho más puntual que en un vaso o en otro objeto. Para saber que copa elegir es recomendable leer esta entrada .

La botella se descorcha en el momento, y el vino debe ir derecho de la botella a la copa, sin pasar por un decantador ni ninguno de esos inventos circenses. Servido con cuidado hasta la mitad de la copa, y con los clásicos movimientos circulares y el correr de los minutos, el vino irá entregando todo lo que posee, capa tras capa de aromas y sabores. Aquí es vital saber que la copa debe ser agarrada por el tallo, para no calentar el vino con la temperatura de nuestra mano.

No hay que olvidar que catar un vino es una experiencia, por tanto, el lugar donde se realice la cata debe ser cómodo, estar a una temperatura agradable e iluminado correctamente, ya que tanto la incomodidad como el frío, el calor o la ausencia de luz, deformarán la experiencia.

En el caso de las mujeres, es importante no utilizar lápiz labial, para no modificar el gusto del vino, y cuanto menos perfumes haya en el ambiente, mejor.

Cuando se cata un vino no se debe escupir ya que nunca está tan cerca del bulbo olfativo como en su paso por la garganta. Pero es cierto que los catadores si no lo escupiesen terminarían ebrios.

Es un placer poder saber qué vino nos gusta más, y no depender de nadie ni de ninguna recomendación en el momento de tener que elegir uno. Independientemente de esto, nadie duda que los gustos son muy particulares y subjetivos, porque no todo el mundo tiene la misma sensibilidad ante los estímulos.